Haptonomía y la importancia del tacto

¿Sabías que, de los cinco sentidos que tenemos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), sólo el tacto es imprescindible para nuestra supervivencia porque nos da información sobre posibles peligros?

¿Que la piel es nuestro sistema nervioso exterior, un órgano vital mediante el que nos relacionamos con el mundo y con las otras personas?

Si lo piensas, te darás cuenta de que alguien a quien nadie toca se siente triste y huraño.

El afecto y la calidez que recibimos a través de las caricias, los abrazos, los masajes, etc., imprimen luz y alegría a nuestro ánimo.

De ahí que exista una ciencia llamada haptonomía (del griego hapsis, «tocar») que estudia las interacciones afectivas entre los seres humanos a través del tacto.

Fue fundada a finales de la Segunda Guerra Mundial por el psicoterapeuta Frans Veldman, fruto de las investigaciones que emprendió tras las dramáticas experiencias vividas durante el conflicto bélico.

La ciencia de la afectividad

Calificada como «ciencia de la afectividad», su centro de análisis y acción es la felicidad humana, mediante el estudio de los déficits, las carencias, las frustraciones o los traumas que traban, inhiben o impiden el desarrollo de la salud no sólo psíquica sino también afectiva.

No es de extrañar que se trate de una rama del saber vinculada a ciencias humanas como la psicología, la sociología y la antropología, ya que su propósito es ayudar a las personas que sufren a recuperar su salud física, psíquica y/o emocional, además de facilitarles el desarrollo de facultades específicamente humanas (amar, comunicarse…).

Aplicaciones muy diversas

Tiene aplicaciones muy diversas; por ejemplo, resulta esencial en el ámbito de la perinatalidad, donde existen abrumadoras evidencias científicas de que el contacto piel con piel ayuda al bebé en la adaptación extrauterina, disminuye el estrés, favorece la lactancia materna y facilita la vinculación afectiva.

Beneficios en el tratamiento de enfermedades psíquicas

Asimismo, se han comprobado sus beneficios en el tratamiento de enfermedades psíquicas y en los ámbitos de la fisioterapia, la enfermería asistencial y la rehabilitación.

Sin embargo, su interés en el campo de la medicina, en general, no ha parado de crecer, sobre todo en un mundo sanitario en el que la especialización, la parcelación de competencias y la tecnología, impuestas por mor de la eficacia, dificultan la necesaria relación entre el cuidador/doctor y el paciente, importantísima en la mejora o sanación de este último.

Pretende volver a humanizar la asistencia para aprovecharla al máximo, ya que la relación afectiva no sólo redunda en el paciente, sino que también incentiva la motivación de unos profesionales abrumados por condiciones laborales a menudo poco idóneas.

El tacto , el placer de los encuentros interhumanos.

En este sentido, su influencia se extiende hasta el terreno de la filosofía y la ética, ya que contribuye a asumir una posición dinámica y positiva ante las circunstancias vitales, basada en la tolerancia de las diferencias y el placer de los encuentros interhumanos.

La haptoterapia incide en el poder beneficioso del contacto físico agradable entre los individuos, gracias a las terminaciones nerviosas que hay en nuestra piel.

Éstas envían señales al cerebro, que ante un toque placentero libera algunos compuestos químicos (endorfinas, serotoninas…) que no solamente favorecen nuestro equilibrio mental y buen humor, sino que pueden detener, o incluso curar, ciertas dolencias.

El tacto se ha convertido en un lenguaje olvidado

Es una terapia que se basa en la prolongación del propio cuerpo en el cuerpo del otro y en los cambios físicos y relacionales que tal acto provoca.

En este caso, del cuerpo del paciente en la mano, el brazo y el cuerpo del terapeuta.

No importa sobre qué partes corporales se posen las manos para introducir dicha prolongación. Busca diferentes estados de relajación y armonía somatológica, de seguridad y afirmación de uno mismo, además de incentivar la confianza en el otro.

Thymotáctil afectivo confirmante (del griego thymos, «alma»), es el hecho de establecer lazos delicados e íntimos con los seres queridos y ser consciente de ello.

El tacto se ha convertido en un lenguaje olvidado, debemos recuperarlo, ser conscientes de los beneficios que nos brinda y reaprender a dar y recibir.

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