Los creadores de esta técnica terapéutica fueron Michael White y David Epston. Consiste en escribir la propia historia de forma ordenada, reconstruyendo los aspectos más destacados, dado que, en palabras de sus autores:

“Escribir ofrece una serie de posibilidades distintas a las de la palabra hablada, […] al fijar los descubrimientos a los que la persona ha llegado reeditando su propia historia.”

De entre sus técnicas, la más utilizada es la autocaracterización, basada en escribir un relato, tipo carta sobre uno mismo en tercera persona.

Un ejercicio de autocaracterización debe dividirse en tres partes, siguiendo el esquema de cualquier narración: introducción, nudo y desenlace.

Dichas partes han de dar respuesta a las siguientes cuestiones:

  1. ¿Quién soy?
  2. ¿Cómo he llegado a ser como soy?
  3. ¿Cómo ha influido mi entorno en mí?

Las contestaciones han de ser en tercera persona, para poder verse desde fuera.
Este desenfoque ayuda a expresar todo aquello que, de viva voz, resulta complicado o imposible y permite exteriorizar el miedo, la rabia, la tristeza y la alegria.


Otra variante de la terapia narrativa consiste en escribir cartas

Como sucede con cualquier misiva, se dirige a otra persona con el fin de explicarle lo que se siente y se piensa.

Resulta muy terapéutico plasmar sobre papel, sin limitación alguna, todo aquello que se tiene la necesidad de comunicar.

En ocasiones, se establece un diálogo entre el “yo actual” y el “yo-niño”, y es una técnica muy útil en los procesos de duelo.

Una pareja estable a la que nada impedía, si lo deseaban, formar una familia acudieron a mi consulta, estaban angustiados porqué cada vez que intentaban el embarazo este se interrumpía.

La paciente había sufrido dos abortos, el primero de dos niñas mellizas que habían llegado hasta los cinco meses de gestación.
Pese al paso del tiempo, cada vez que ambos hablaban sobre el tema, ella se derrumbaba y no dejaba de llorar, hasta el extremo de que no podía ni pensar en un nuevo embarazo, afectando la relación.
La terapia desveló la verdadera causa del bloqueo de la paciente. No se trataba de una simple negativa, sino de una serie de duelos superpuestos, ocasionados por los distintos abortos.

El solapamiento de las penas le produjo un enorme desgarro emocional. Las niñas perdidas formaban parte de sus vidas: tenían nombres asignados, la habitación preparada y toda una familia dispuesta a acogerlas.

Y es que el duelo gestacional es, aún hoy, un tema tabú.

Cuando en el seno de una familia se produce un aborto no se comenta. Incluso las parejas que lo padecen hablaban de lo sucedido de una forma muy racional dándole escasa importancia y desligándose, en la medida de lo posible, de toda emoción.

En estos casos es imprescindible hablarlo, y la terapia narrativa resulta muy eficaz; el hecho de escribir sobre todo ello en una carta, explicando lo sucedido, el amor y el dolor de la perdida, resulta liberador.

Los miembros de la pareja padecen la pérdida de distinta forma, por ello es importante que los dos escriban una carta, volcando individualmente todos los sentimientos.

El dejar aflorar el dolor reprimido, el permitirse pasar un duelo con todas sus fases, permite un restablecimiento de la situación; la pareja entra en sintonia, mejora la comprensión y la confianza, los lazos se estrechan.

También recomiendo, en estos casos, celebrar un pequeño ritual de despedida; las ceremonias, suelen tener un fuerte efecto en el inconsciente de las familias.

En definitiva, las cartas, como en los casos de duelo perinatal son de gran ayuda para comunicar y expresar emociones reprimidas o no reconocida y dejar paso a todos aquellos aspectos que el subconsciente esconde y dejar que surjan, permitiendo cambiar todas aquellos pensamientos o creencias negativas por positivas.

Envía tu opinion