Cuando hablamos de apego, ¿de qué tipo de relación estamos hablando?. Como definición el apego es la afición o inclinación hacia alguien o hacia algo y el primero psicólogo que promulgó una “Teoría del apego” fue John Bowlby .

Si de parejas hablamos, el apego estará enfocado sobre esa persona con quien deseamos crear –o ya hemos creado– un vínculo afectivo. El desarrollo del mismo favorece la relación estable de dos personas cuando existe la certeza de que el/la otro/a estará siempre ahí para proporcionar seguridad y amor.

Se establecen distintas clasificaciones para el apego, entre las que destaco las tres siguientes:

  • El apego ansioso.
  • El apego evasivo.
  • El apego seguro.

Ejemplificación de los tipos de apego

Un sábado por la noche, Alicia y David salen a cenar, y él le cuenta, en un clima de intimidad, que anteriormente había mantenido una relación que le había hecho sufrir mucho pero que, por suerte, cortó antes de que la cosa fuera a más.

“Salí bastante tiempo con una chica. Al principio todo iba bien, nos entendíamos y creo que incluso nos queríamos. Pero, luego, empezó a agobiarme: constantemente me preguntaba qué hacía, dónde estaba y con quién; recelaba de cualquier trato que yo pudiera tener con otras mujeres; se alteraba si quedábamos y me retrasaba unos minutos. Yo notaba como escrutaba mis respuestas a sus múltiples preguntas (casi un interrogatorio) buscando una contradicción. La sentía desconfiada, insegura, preocupada sin ninguna razón. Y lo que es peor, me contagiaba su ansiedad. Nuestra relación se convirtió en algo enfermizo y decidí cortar con ella.”

Esta historia que cuenta David corresponde al comportamiento típico de las personas que desarrollan un apego ansioso. Sus pautas de comportamiento suelen ser:

  • Reclamar constantemente muestras de amor para comprobar la solidez y exclusividad de su relación, una “propiedad” que velan ferozmente.
  • Diseccionar las reacciones de su pareja, con una desconfianza tal que puede llegar a la intimidación.
  • Mostrar continuos cambios de humor, yendo desde un extremo positivo (ternura, afecto, amor) hasta otro negativo (desconfianza, apatía, violencia). Es una manipulación emocional que presenta diversas graduaciones: desde hacerse las víctimas hasta someter a la pareja por la fuerza.

El ambiente relajado y romántico del restaurante que David y Alicia han escogido para pasar esa velada les incita a ambos a hacerse confidencias.

“Mi experiencia es distinta”, comenta Alicia tras escuchar a David. “Conocí en la universidad a un chico mayor que yo, hace de esto bastante tiempo. Al principio no me fijé en él, pero cuando le conocí mejor me fascinó. Empezamos a salir, y enseguida le noté frío y distante. Yo necesitaba mostrar mi afecto y que él me demostrase el suyo, pero nunca era expresivo ni cariñoso. Era su forma de ser, incompatible con la mía. La relación estaba, desde su inicio, tocada de muerte, así que al poco acabamos dejándolo.”

Las personas cuyo apego se corresponde a la clasificación de evasivo no buscan la cercanía con la pareja. Suelen ser impasibles y defienden con ahínco un espacio personal en el que no permiten que nadie entre. Además:

  • Difícilmente muestran empatía con la pareja, ante lo que se desentienden de lo que el otro pueda necesitar, al mismo tiempo que reprimen sus propias necesidades emocionales.
  • Suelen ser personas solitarias que evitan aquellas relaciones que pueden conducir a un compromiso estable.
  • Tienen a menudo una idea muy clara de cómo han de ser las relaciones amorosas y las características de su pareja ideal, en una abstracción poco alcanzable.

Hablando de sus experiencias, Alicia y David se dan cuenta de algo: de que, esta vez, parece ser que han acertado, que enamorarse el uno del otro ha sido algo involuntario pero positivo.

Ahora, juntos, se sienten queridos y enriquecidos personalmente, notan una fuerza que ignoraban poseer y que les impulsa a seguir adelante.

La explicación es sencilla: mantienen una relación de apego seguro, que, de una forma casi intuitiva, basan en la confianza mutua. Su relación es equilibrada, respetuosa, cariñosa y comprometida con el futuro.

  • Alicia y David, pues, dado que mantienen una relación sana:
  • No sienten celos, de ahí que estén libres del agobio de controlar a su pareja.
  • Disponen de un espacio en común y de un espacio individual.
  • A veces discuten, pero lo hacen con respeto, no con la intención egoísta y manipuladora de buscar la claudicación del otro, sino que llegan a acuerdos que les complacen a ambos.

¿Puedes identificarte con alguno de los tipos de apego descritos? ¿Lo has vivido con alguna de tus parejas? ¿Qué es lo que puedes cambiar para mejorar tus relaciones?

La respuesta de estas simples preguntas nos ayudará a entender como amamos y como nos aman.

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