La anafrodisia o anorexia sexual es el trastorno psicológico que padecen aquellas personas que rechazan sistemáticamente las experiencias sexuales y, de tener alguna, no las disfrutan por un sentimiento de asco, vergüenza o culpa.

Cabe señalar que no hay que confundir esta patología con la ausencia de sexo por motivos ajenos a la propia voluntad ni con el descenso de la libido.

Se trata de un estado obsesivo en el que la tarea física, emocional y mental de evitar el sexo domina por completo la vida del individuo.

Igual que el anoréxico deja paulatinamente de ingerir alimentos, el «anoréxico sexual» comienza a rechazar toda posibilidad de sexo o toda expresión sexual, lo que desemboca en una escalada de autodestrucción.

El origen del trastorno

Las raíces de esta trastorno son similares a las de la anorexia alimentaria nerviosa; por consiguiente, están asociadas al miedo al rechazo, a la baja autoestima y a la incapacidad de manifestar los deseos y las emociones.

Aunque la anafrodisia posee un origen multicausal, la influencia del entorno resulta determinante en ella. Los pacientes suelen:

  • Formar parte de familias poco afectuosas, con cuadros de adicción o conductas destructivas, entre éstas casos de abusos sexuales infantiles o traumas similares.
  • Haber recibido una educación extremadamente rígida, dirigida y de fácil influencia respecto a la moralidad sexual.
  • Estar obsesionados por responder a unos modelos sociales estrictos o a unas creencias religiosas severas.
  • Tener unos padres excesivamente protectores y controladores.
  • Padecer (o haber padecido) cuadros depresivos o bien sufrir de estrés, con los cambios de humor o el agotamiento que ambos desórdenes conllevan.

¿Cómo detectar la anafrodisia?

El comportamiento de quienes padecen esta dolencia suele regirse por el principio de «si no se arriesga, no se puede perder».
Por ello, los anoréxicos sexuales acostumbran a vivir de forma aislada, pueden consumir altos niveles de pornografía y se entregan a una vida de fantasía o a adicciones de diversa índole (alcohol, comida, tabaco, etc.).

Dado que la rigidez y la vergüenza guían su conducta, son capaces de tomar decisiones drásticas, como dejar su trabajo para evitar alcanzar un cierto grado de intimidad, sea ésta sexual o no, con quienes los rodean.

A veces, su conducta se traduce en detalles que los hacen pasar desapercibidos, como mantenerse al margen de las conversaciones o decir que están siempre ocupados.

Sin embargo, también puede darse este trastorno dentro de una relación de pareja de larga duración.

En dicho caso, no sólo se evitará la cama, sino también las muestras de afecto y cariño.

Criticar a la pareja o evitar su compañía nocturna, al volver siempre tarde a casa o al acostarse a una hora distinta, pueden ser señales de que la anorexia sexual ha llegado en la relación.

¿Cuáles son sus principales síntomas?

El anoréxico sexual acostumbra a tener una percepción distorsionada sobre sí mismo. De ahí que sean habituales:

  • La dismorfia corporal.
  • La búsqueda de la soledad, con lo que evita las relaciones estables o las emociones intensas asociadas a las mismas.
  • La obsesión por el perfeccionismo.
  • El sentimiento de inferioridad o los delirios de grandeza.

Por otro lado, vive en un estado perpetuo de miedo al placer sexual, por lo que muestra:

  • Pavor al contacto sexual.
  • Vergüenza hacia todo lo relacionado con el sexo.
  • Aversión extrema a las funciones corporales.
  • Juicios y actitudes intransigentes y agresivas sobre la conducta sexual, lo que puede llevarlo a cometer actos de violencia contra otras personas.

En última instancia, haber o creer haber sido lastimado, rechazado, dañado o abusado. Como defensa a este ataque, es común que:

  • Se lastime o adopte una conducta autodestructiva para limitar o evitar lo sexual.
  • Adopte una actitud destinada a alejar a quien se le acerque, como mostrar siempre preferencia por personas fuera de su alcance o con las que nunca podría establecer una relación.
  • Le incomode o aterrorice la sexualidad ajena.
  • Sienta una falsa sensación de poder y seguridad al reprimir sus impulsos.
  • Muestre una preocupación excesiva hacia las enfermedades de transmisión sexual.

Anafrodisia, Tratamiento y recuperación

Igual que sucede con los desórdenes alimentarios, la anafrodisia no es un problema fácil de solucionar sin la participación de un profesional.
El proceso de recuperación suele ser tarea compleja, pero no imposible.

La persona necesita dejar de rechazarse a sí misma y comenzar a aceptar su cuerpo y, luego, integrar su vida sexual dentro del resto de aspectos de su existencia.

Como la anafrodisia sigue un patrón acorde con el de cualquier otra adicción, a menudo la terapia suele apoyarse en el modelo de «Los doce pasos».
donde resulta clave el acompañamiento de alguien que ejerza de guía, así como el apoyo incondicional de quienes hayan padecido el mismo desorden.

Con ello se pretende que el paciente:

  • Cambie de foco:
    Que deje de obsesionarse por su lado sexual y el de los demás, y que reconozca que la vida también implica otros aspectos.
  • Comience a aceptar y a tomar contacto con su cuerpo:
    Mediante caricias, masajes, baños, etc., con la finalidad de recuperar las sensaciones placenteras. Se utilizan asimismo técnicas de relajación y respiración para controlar la ansiedad.
  • Perdone o se reconcilie con sus agresores.
  • Empiece a aproximarse a los otros:
    De manera que se permita a sí mismo el contacto humano más allá de lo meramente sexual (caminar de la mano, abrazarse, besarse, etc.).

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