Oncología  y la sexualidad

Tenemos que perder el miedo a hablar de sexo y cáncer.

La enfermedad se presenta sin avisar y provoca un fuerte impacto emocional tanto en la persona que la sufre como en su pareja.
También tiene repercusiones físicas, que cambian la imagen que una persona tiene de sí misma.
Surge el desconcierto ante una realidad que ya no es la que era, sino otra muy diferente.
Cómo no, hay miedo, porque aquello que no conocemos y no podemos controlar nos angustia.
Sin embargo, el cáncer está o ha estado ahí y no por negarlo se irá.
Nuestro trabajo será reconstruir nuestra vida y levantarla de nuevo, y el sexo forma parte de nuestra vida.

Este «reset» de nuestra existencia es un nuevo comienzo y eso es decir tanto como una oportunidad.

Es el momento de discernir qué es importante y qué no, de consignar las prioridades de nuestra vida y trabajar con uno mismo y con nuestra pareja aquello en que nos une.

Recordemos que la persona que se enfrenta al cáncer debe afrontar problemas emocionales y problemas físicos, íntimamente relacionados entre sí.

Los problemas emocionales son evidentes.

El anuncio de la enfermedad y su posterior tratamiento provocan un proceso de duelo provocado por esta nueva realidad.
La persona debe superar diversas fases de duelo:

  • una negación —«¡No puede ser! Será un error. ¡No puedo tener cáncer!»—
  • una fase en la que predomina la ira, una negociación emocional —«¿Qué habré hecho mal? ¿Cómo podría haberlo evitado?»—
  • y una fase de tristeza y dolor emocional, incluso de depresión
  • que finalmente conducirá a una aceptación del hecho.

El impacto emocional es grave y convive con cambios en el propio cuerpo, afectado por los tratamientos médicos, sean una quimioterapia, una radioterapia, una intervención quirúrgica o cualesquiera otros.

Las cicatrices que deja la medicina también dejan tras de sí un rastro emocional que debe gestionarse y que algunas veces afectan a las relaciones sexuales, directa o indirectamente.

El dolor físico y emocional del enfermo repercute en la relación de pareja.

No es raro que las consecuencias del cáncer o del tratamiento médico que lo combate puedan provocar cambios en los niveles hormonales, que se asocian a una disminución de la libido, el deseo sexual.
Pero no cabe olvidar a la otra mitad de la pareja, que también se enfrenta a una grave tensión emocional y una elevada carga de estrés.
Es preciso aliviar esa tensión de alguna manera.
Es bueno que ambos componentes de la pareja puedan expresar sus sentimientos y emociones, pero también darse un respiro.

Será un momento delicado; la relación de pareja será puesta a prueba en medio de un proceso de duelo, cambio y aceptación.

Si la pareja, antes de la detección del cáncer, tenía problemas, estos podrían incrementarse a causa de la tensión emocional; igualmente, una pareja con una relación aparentemente buena puede descubrir que su relación se tambalea.

En cualquier caso, la enfermedad plantea una nueva perspectiva que obliga a plantear de nuevo los fundamentos de la relación y trabajar conjuntamente en la superación de esta crisis.
También, por supuesto, en el plano sexual.

  • ¿Cuál era la relación sexual de la pareja antes del cáncer?
  • ¿Sigue siendo la misma durante la enfermedad?
  • ¿Cómo será después?
  • ¿Podría volver a ser igual que antes?
  • ¿Podría mejorar, incluso, gracias al trabajo compartido para superar esta prueba?

Técnicas como el mindfulsex pueden ayudar a la pareja, pero no existe una única respuesta a todas estas preguntas.

Existe, eso sí, un camino que recorrer juntos, honestamente, explorando y descubriendo el sexo más allá de los genitales, el placer compartido, el momento adecuado.

 

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