De jovencitas, hemos visionado una y mil veces las bellas historias con las que Disney nos ha hecho soñar, llenas de príncipes y princesas que, tras pasar algunos contratiempos, alcanzan un amor sublime y para siempre.

Ahora bien, lo que jamás nos ha contado Disney es:

  • ¿Se repartirán Blancanieves y el príncipe las tareas del hogar?
  • ¿El príncipe Felipe participará de la educación de los hijos que tiene con la princesa Aurora, la bella durmiente?
  • ¿Aladdin llevará a sus niños al colegio en la alfombra voladora?
  • ¿Gestionará Cenicienta la economía familiar para llegar a fin de mes?
  • ¿John Smith y Poca-Hontas aprovecharán el sábado por la mañana para hacer la compra semanal?

Se trata de preguntas que jamás obtienen respuesta una vez la palabra FIN se proyecta en pantalla.
Quizá sin saberlo conscientemente, quien más quien menos busca a un príncipe azul con quien compartir la vida.

Es un deseo idealizado que raramente se satisface, y puede convertirse en una dificultad permanente para establecer una relación de pareja sana.

Para poder identificarlos correctamente, primero debemos reconocer los que más integrados tenemos.

 

NUESTRO PRÍNCIPE AZUL Y OTROS MITOS PARA NO ALCANZAR UN AMOR SUBLIME

                1.- EL MITO DEL PRÍNCIPE AZUL.

Se trata de la búsqueda del hombre perfecto, poseedor de unas virtudes que le convierten en alguien casi sobrenatural. Responde a los cánones del rol masculino en las películas románticas: valiente, apuesto, dispuesto a rescatar de los más cruentos peligros a la desvalida princesa.
En la vida real, ni los príncipes azules existen ni, de hecho, son necesarios, puesto que no hay princesas, sino mujeres independientes que saben valerse por sí mismas.

            2.- EL MITO DE LA MEDIA NARANJA O DE LA FE CIEGA EN EL DESTINO.

La pareja no se elige libremente, sino que esa persona está predestinada y, por lo tanto, es la única posible.
Por ello se ven como mitades de un todo y no como una unidad completa.
Esa imagen mental entorpece la realidad; y es que nadie es la media naranja de nadie. Cada persona es una “naranja” entera y no necesita que nadie más la “redondee”.
Las personas son unidades que no han de depender emocionalmente de sus parejas. Sólo cuando te sientas completo/a podrás amar desde la más pura libertad.

          3.- MITO DEL “EMPAREJAMIENTO”.

Creencia errónea sobre el hecho de que la pareja heterosexual es lo “natural”, o que lo es la monogamia, o tener hijos. Se trata de ideas arraigadas por tradición.
Por ello, cuando nuestros proyectos o inclinaciones van en otra dirección, entramos en lucha con nosotros mismos y buscamos una pareja convencional por una cuestión puramente social.

            4.- MITO DE LA EXCLUSIVIDAD.

Consiste en creer que es imposible que a un miembro de la pareja le gusten diversas personas a la vez.
A menudo implica también una actitud de posesión, en el sentido de creer que el otro es una especie de propiedad. Ello empobrece la pareja hasta llevarla al hastío y, finalmente, a la muerte.

5.- MITO DE LOS CELOS.

Es la creencia que afirma que sentir celos en situaciones concretas es un signo de amor, y viceversa: que si no hay celos, no hay amor.
Este mito lleva asociada una alarmante falta de autoestima y es una muestra palpable de apegos insanos que no permiten a la pareja ser ella misma, con lo cual la relación se convierte en algo tóxico.

            6.- AMOR Y ENAMORAMIENTO SON EQUIVALENTES.

¡Falso! No es aconsejable convencerse de que, si una persona no muestra los síntomas exaltados del principio de la relación, ya no ama a su pareja y lo mejor es cortar con ella. Si se deja a la pareja para ir a la caza de una nueva euforia, no se presta la debida atención al estado posterior al enamoramiento: un amor más sosegado y firme, que es preciso trabajar y valorar.

           7.- MITO DE LA OMNIPOTENCIA.

Creer que el “amor lo puede todo” y que “cualquier sacrificio es válido por la pareja”. Mucho cuidado con este mito porque puede conducir a una relación insana de abuso o sumisión. El amor no tiene por qué implicar sacrificio o abnegación. Antes bien, una relación sana de pareja debe vivirse gozosamente, y los dos miembros se han de sentir igual de importantes.

         8.- CONCEPCIÓN MÁGICA DEL AMOR.

Es absurdo pensar que nuestros sentimientos amorosos no están influidos por los factores sociales, biológicos y culturales que tenemos asimilados.
Las parejas no se enamoran porque sean almas gemelas o porque sus destinos estén escritos en las estrellas. Son elementos más terrenales, tales como la educación, las costumbres, el comportamiento, los que determinan a cada persona y a sus posibilidades de encontrar pareja y mantenerla.

            9.- MITO DEL MATRIMONIO O DE LA CONVIVENCIA.

Creer que el amor debe conducir siempre a la unión estable de la pareja es falso.
Se apoya en la imagen de la familia tradicional, a menudo formada por padres e hijos, y que la religión, sobre todo la católica, ha inculcado como la mejor opción para vivir “con decencia”.

         10.- MITO DE LA UNIDAD.

Consiste en creer que ambos miembros de la relación han de ser “uno”. Esto significa ir en todo “a la una”, sin posibilidad de discrepancia en los asuntos que a lo largo de la vida se suceden.
Quienes tienen interiorizada esta creencia convierten la relación en el centro de su existencia. Creen que la clave de la pareja está en una entrega completa y pasiva que lleva a una despersonalización nada saludable, al tiempo que pueden arrastrar al otro consigo.

            11.- CREENCIA DE QUE DISCUTIR ES MALO.

Una pareja que no discute no es necesariamente una buena pareja.
Discutir significa expresar distintos puntos de vista, siempre a tener en cuenta.
Una discusión no es un momento de crisis, puesto que, si la pareja vive una relación sana, debe poder intercambiar sin problemas sus pareceres y que ello no derive en una situación complicada ni determine un vencedor y un vencido.

            12.- LOS POLOS OPUESTOS SE ATRAEN.

Creer que las personas que tienen objetivos, intereses y perspectivas divergentes son las que más se atraen y mejor se llevan a largo plazo puede conducir a la ruina de una relación.
Además, resulta muy complicado comunicarse con quien no se comparte lo básico, más allá de la pura atracción física.
Y al contrario: tener al lado a una persona igual en todo a ti, tampoco tiene mucho sentido.
El secreto está en encontrar el equilibrio exacto entre lo opuesto y lo coincidente.

            Estos y otros mitos pueden actuar en el seno de la pareja de muchas formas y dar lugar a comportamientos poco recomendables y a relaciones que, a la larga, se devendrán insanas, por eso es tan importante detectarlos.

 

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