La esclavitud del apego: relaciones de pareja insanas

El diccionario nos dice que el apego es la «afición a algo».

En el ámbito de las relaciones interpersonales, el apego será entre dos personas.
En psicología, la teoría del apego nació en los años 60 y 70 del pasado siglo y sostiene que el apego es una conducta que se traduce en actos y comportamientos que pueden variar de una persona a otra por razones culturales o sociales, pero que son comunes a todos los seres humanos.

El apego es incondicional porque se basa en la confianza

Se dice que el apego es incondicional porque se basa en la confianza en la otra persona, no es el resultado de un pacto, sino de un interés afectivo.

Proporciona seguridad, consuelo y protección frente a las adversidades y facilita la empatía y la comunicación de emociones y sentimientos.
El apego consolida una relación de pareja y la hace más confortable y provechosa para ambos.

«En una relación sana, el apego no es ni una coartada ni un mecanismo de coacción, sino un bien común y necesario.»

¿ Y el apego tóxico?

Pero existe un tipo de apego que puede calificarse como tóxico, que sufren muchas parejas.
La «necesidad» del apego es, en estos casos, una verdadera ansiedad.
Se confunde el amor incondicional (es decir, sin condiciones ni pactos previos, construido sobre la marcha entre ambos miembros de la pareja) con un amor obsesivo, que exige una entrega absoluta, un amor excluyente, posesivo.
En una relación sana, el apego facilita la madurez emocional de la pareja, que tiene que acomodarse constantemente a nuevas realidades.

En una relación tóxica, el apego se ha convertido en una dependencia, en una adicción.

Surgen miedos y obsesiones, los celos:
¿Me quiere de verdad?
¿Quiere dejarme?
¿Por qué no está conmigo?
¿Qué está haciendo ahora…?

La pareja tiene que estar en todo instante bajo control.
Reclamar un estado propio se interpreta como un abandono, una traición.

El contacto con la pareja debe ser permanente, se convierte en obsesivo.
Familia y amigos pasan a un segundo plano, se abandonan las aficiones, se vigila lo que dice la pareja, a quién mira, adónde va, se espía su correo electrónico, su whatsapp…

Detrás del Apego el miedo y la inseguridad

En esencia, nos enfrentamos a un problema de miedo, de inseguridad.
La persona que sufre por culpa de este tipo de apego cree estar enamorada cuando, posiblemente, busca lo que interpreta como amor para aliviar el dolor de una herida emocional que tanto puede ser reciente como remontarse a su infancia.

No existe un único tipo de relación de apego tóxico.

En algunos casos, uno de los miembros de la pareja cree que puede cambiar al otro, ejercer un papel de «salvador» ante un problema de adicción, un fuerte transtorno emocional o social, una enfermedad… y a partir de ese momento, empujado por las mejores intenciones o por sus propias fobias, iniciar un proceso de dependencia emocional que puede ser adictivo y seguramente tóxico.

Los «cuidados» traspasan la línea roja y llegan a ese extremo peligroso para uno mismo y para los demás, cuando se convierten en algo obsesivo y maniático.

Una relación sana

En una relación sana, cada una de las personas que forman la pareja se siente bien consigo misma y su vida tiene un cierto sentido y es más o menos satisfactoria.
Podría vivir perfectamente sola, pero ha escogido libremente (hay que subrayarlo, libremente) vivir en pareja, amar y compartir su vida con la otra persona, sin coacciones. La relación se irá construyendo poco a poco y sufrirá altibajos, es ley de vida.

El objetivo es que esta relación venga regida por la honestidad y el respeto hacia uno mismo y hacia el otro.

El apego, que nace espontáneamente, crecerá y se fortalecerá, y entonces se comprenderá el verdadero significado de su necesidad.

 

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